Sacerdote:
(Del latín “sacerdos, -otis”, el que hace lo sagrado) Jesús es el único Sacerdote, que con su sacrificio en la Cruz, nos ha consagrado para Dios (cfr. Hb 10,14).
Él ha hecho de la Iglesia "un Reino de sacerdotes para su Dios y Padre" (Ap 1,6). Toda la comunidad de los creyentes es, como tal, sacerdotal.
Los fieles ejercen su sacerdocio bautismal a través de su participación, cada uno según su vocación propia, en la misión de Cristo, Sacerdote, Profeta y Rey. Por los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación los fieles son "consagrados para ser... un sacerdocio santo"1.
Sin embargo, Jesús, en la Última Cena, quiso hacer a sus Apóstoles partícipes de su sacerdocio ministerial, único y eterno (cfr. Lc 22,19), que ellos a su vez comunicaron a otros hombres (cfr. 2 Tm 1,6). Así, por el Sacramento del Orden, los obispos –sucesores de los Apóstoles–, y los presbíteros –que son sus colaboradores–, se unen de tal manera a Cristo –Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia–, que se convierten en presencia y prolongación de su vida y de su acción, proclamando su Palabra, celebrando la liturgia y guiando a la comunidad a ellos confiada2. |
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