VIDA CONSAGRADA

Jesús, el enviado del Padre con la fuerza del Espíritu Santo, nació de la Santísima  Virgen María para mostrarnos todo el amor del Padre, Creador de todas las cosas; Para salvarnos, es decir, para quitar el pecado del mundo y darnos el poder de llegar a ser hijos de Dios, convocándonos en la unidad de su Familia, la Iglesia.

Él, que es nuestro Modelo, ha querido llamar a algunos de entre sus discípulos para seguirle más de cerca, en una entrega total y exclusiva, con una fidelidad cada vez mayor a Dios, y una entrega generosa al prójimo Esto es la Vida Consagrada (cfr. “Vita Consecrata”, 18 y 24).

La Vida Consagrada, femenina o masculina, es una forma estable de vida que, siguiendo más de cerca a Cristo casto, obediente y pobre, bajo la acción del Espíritu Santo, busca glorificar al Padre, entregándose a la edificación de la Iglesia y a la salvación del mundo (cfr. “Vita Consecrata”, 21; Código de Derecho Canónico, c. 573, pp. 1).

Esta imitación de Cristo reviste dos formas específicas: La imitación de Cristo contemplativo (Vida Consagrada Contemplativa) y la imitación de Cristo activo (Vida Consagrada Apostólica).

Como la unidad en la Iglesia no es uniformidad, sino don del Espíritu Santo, a lo largo de los siglos han nacido y se han desarrollado diversas formas de vida consagrada, solitarias o comunitarias, como la vida eremítica, las vírgenes consagradas, la vida religiosa, los institutos seculares y las sociedades de vida apostólica (cfr. Catecismo, 914-933).