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PARROQUIAS
La
Iglesia, que es el cuerpo de Cristo, y por la cual, gracias al Espíritu
Santo, somos familia de Dios, es una, ya que tiene un solo Señor,
una sola fe, nace de un solo Bautismo, celebra en comunión el culto
divino, especialmente los sacramentos, conserva una sucesión apostólica
y existe para unir a toda la humanidad con Dios y entre sí (cfr.
Catecismo, 815).
Este
Pueblo de Dios, sin dejar de ser uno y único, debe extenderse a
todo el mundo y en todos los tiempos. De ahí que legítimamente
existan las Iglesias particulares, llamadas normalmente diócesis,
que, unidas en el Primado de la Cátedra de San Pedro, es decir,
al Papa, son parte de la única Iglesia fundada por Cristo (cfr.
LG 13).
Para
brindar a los fieles una adecuada atención pastoral, toda diócesis
debe dividirse en partes distintas, llamadas parroquias(cfr. Código
de Derecho Canónico, c. 374, p. 1).
Una
parroquia es, entonces, una comunidad de fieles constituida de manera estable
en una diócesis, cuya atención pastoral, bajo la autoridad
del Obispo, se encomienda a un párroco(cfr. Código de Derecho
Canónico, c. 374, pp. 1 y 2).
Las
parroquias cercanas se unen a su vez en grupos llamados Decanatos, para
ayudarse en una pastoral común que favorezca a sus fieles (cfr.
Código de Derecho Canónico, c. 374, p 2).
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